Proactividad y reactividad empresarial

Abordamos un artículo que siempre tenemos presente en nuestra actividad diaria, la proactividad y la reactividad en las empresas, y es que, los servicios que ofrecemos como consultores online, tienen mucho de ambas características, y no es sino, la armonía y combinación de ambas, lo que en nuestro caso nos lleva a encontrar el equilibrio perfecto para dar respuesta a cada cliente.

Ahora bien, en cada caso puede prevalecer, o destacar más, una sobre la otra.

Antes de seguir, analicemos las definiciones de ambas para proceder con el análisis para el caso empresarial.

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PROACTIVIDAD

La proactividad es la actitud en la que el sujeto asume el pleno control de su conducta de un modo activo, esto implica que la toma de iniciativa en el desarrollo de acciones creativas y determinadas, para originar mejoras en los procedimientos y resultados, personales o empresariales, haciendo prevalecer la libertad de elección sobre las circunstancias del contexto.

La proactividad no significa exclusivamente tomar la iniciativa, sino asumir la responsabilidad de hacer que las cosas sucedan; decidir en cada situación lo que queremos hacer y cómo lo vamos a hacer, tener la libertad al elegir las circunstancias que van a rodearnos para actuar en ese contexto.

 

REACTIVIDAD

Es el concepto comúnmente definido como contrario a la proactividad, aunque desde nuestro punto de vista, no son antónimos al 100%, vamos a ver el porqué.

Podemos definirla como la actitud en la que un sujeto, debe reaccionar al entorno de un modo improvisado, inmediato e impulsivo, dado que los factores que han provocado la situación a abordar, no han sido contemplados por el individuo, ni por su organización en un periodo de tiempo lo suficientemente laxo como para que las reacciones que se produzcan, puedan definirse de meditadas, coordinadas, ni planeadas, y por lo tanto, en muchos de los casos, tampoco sean acertadas.

Según esta clasificación, podríamos agrupar a la mayoría de las personas entre proactivas y reactivas, al igual que podemos extender este concepto a un ente empresarial, que al fin y al cabo se mueve según acciones proactivas o reactivas de sus miembros.

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Vamos por ello a imaginar el caso de una empresa dependiendo de su actitud ante el entorno y los estímulos que le lleguen.

De ese modo, las decisiones que se tomen en misma ante estrategias y problemas reales, sobre qué, y cómo, hacer las cosas, serán bien distintas en cada uno de los casos.

 

El grado de proactividad puede cambiar en una persona, y por lo tanto en una organización, dependiendo de numerosos factores que enumeramos a continuación:

  • la claridad o no a la hora de saber las prioridades de actuación en una determinada acción/proyecto.
  • la influencia de su grupo de trabajo para las actividades individuales.
  • el ambiente laboral departamental o empresarial global.
  • el estado emocional y físico de un momento determinado.
  • motivaciones económicas particulares.
  • apetencia en el desarrollo de un proyecto en concreto.
  • inestabilidad del mercado.
  • mala fé de una organización externa.
  • conflictos políticos.
  • etc…

 

Las personas reactivas reaccionan de manera casi automática e impulsiva ante muchos estímulos. Tienen una actitud relativamente pasiva si nos referimos a su capacidad de decidir con objetividad lo que van a hacer en un corto periodo de tiempo. También son víctimas de las circunstancias y, no controlables por ellas, y por tanto, de los problemas y de las urgencias que estas ocasionan.

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Aunque puede que haya situaciones en las que esta actitud sea favorable, hemos de ser conscientes de que, hoy por hoy, el trabajo del siglo XXI donde la inmediatez, los constantes cambios en el trabajo, la sobreexposición a todo tipo de estímulos y tentaciones, esta forma de actuar reactiva puede ser, y de hecho es, terriblemente perjudicial para la productividad y los buenos resultados empresariales.

 

Las empresas reactivas “reaccionan” ante todo; el buen curso de sus funciones y trabajos que en ella tienen lugar diariamente, pueden verse perturbados por el mínimo desajuste en los factores externos que influyan directamente sobre la organización.

 

Las empresas proactivas, por el contrario, se mueven para perseguir y lograr que los proyectos o los objetivos que han definido en su estrategia empresarial, pese a los factores y estímulos externos (cambiantes o perjudiciales), salgan adelante.

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Las organizaciones se construyen con personas y esas personas, bien sean proactivas o reactivas, siempre tenderán hacia una manera de actuar según sea su condición personal, su modo de proceder prevalecerá con independencia de las circunstancias y del entorno que le rodean, ya que ser proactivo o reactivo dependerá mucho de los hábitos y de las creencias, y aquí también vuelven a aparecer las vivencias que hayamos tenido a lo largo de nuestra vida.

 

¿Qué deben tratar de establecer en sus bases las organizaciones reactivas?:

  • deben definir la estrategia empresarial en cada ejercicio y sus objetivos por área y/o departamento.
  • planificar y organizar acciones comerciales alineadas con las estrategias de comunicación (si las hay, si no, deben crearse, según la empresa y su tipología).
  • mejorar su grado de orientación comercial (esto es recomendable en todos los casos).
  • saber rodearse de un equipo lo suficientemente competente para abarcar el mayor número de soluciones ante un conflicto.
  • ser cautos en la ejecución de acciones.
  • tratar de ampliar sus conocimientos sobre tipos de problemas “posibles” para así poder resolverlos con destreza y rapidez cuando sucedan.
  • cuando delegar tareas a los especialistas correspondientes.
  • cuando pedir ayuda externa.
  • tener siempre un plan B.

 

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Las empresas necesitan personas, y éstas deben ser proactivas, con capacidad para lograr que las cosas que se propongan sucedan de la manera más efectiva posible.

Ser proactivo significa pensar y decidir para tener la capacidad de anticipar dificultades, trabajar de manera focalizada sabiendo qué se debe hacer en cada caso, orientar las acciones a la consecución de unos objetivos definidos por la dirección, y no esperar a que las cosas sucedan sino actuar para lograrlas.

 

De esta manera, si evitamos reaccionar ante cualquier circunstancia de un modo improvisado, se podrán aprovechar mejor las competencias, las cualidades y las capacidades de cada empleado.

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La conducta individual, esa que permite destacar sobre el resto, ser un excelente profesional y de esta manera estar entre los mejores, es función de las decisiones propias y no de las circunstancias, de los contextos, ni de las condiciones.

Cómo es la tuya: ¿proactiva o reactiva?

¿Quieres que ocurra ese cambio tan deseado en tu empresa? Quedarse quieto esperando que ocurra, sabemos de sobra que no es la solución. Afrontemos con energía nuestros objetivos, y hagamos que nuestros deseos y decisiones marquen nuestro rumbo empresarial.

 

¿A qué esperas para ser tú el principal causante del siguiente objetivo conseguido en tu organización?

 

“Entre el estímulo y la respuesta está nuestra mayor fuerza: la libertad interior de elegir” Stephen R. Covey.

By | 2017-10-26T15:29:10+00:00 26 octubre 2017|Consultoría|Sin comentarios

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